miércoles, 6 de febrero de 2008

Otro gallo cantaría



Hace unos dos meses, mi hermana me pidió si le podía hacer de fotógrafa durante un ratillo, pues una de sus amigas estaba a punto de dar a luz y le hacía ilusión retratarse en su estado con ellas. Acepté con mucho gusto, puesto que, aunque mi relación con la fotografía sea únicamente "de estar por casa", me gusta y el motivo de esa petición, también.

Hace dos días, nos volvimos a juntar en una cafetería a la hora del cortado, después de comer. Conocí a la niñita (una hermosura) y "vam fer petar la xerrada" (como dicen los catalanes, que no es otra cosa que "darle a la sinhueso"). La madre de la susodicha niña nos explicó cómo le iba su nueva vida y nos dió alguna pincelada de cómo se empezaban a adaptar, ella y su marido (y también padre), a tan grandes cambios (gratificantes pero, a la vez, difíciles). Lo que más me sorprendió (hasta cierto punto, tristemente, porque creo que pasa demasiado a menudo) es que en su trabajo ya le habían preguntado cuándo se iba a reincorporar. Ella contestó, lógicamente, que después de las 16 semanas que le corresponden por ley, cosa que pareció no hacerle mucha gracia al "jefesimpáticodeturno". Y aún más, pues, a continuación, le informa que cuando se reincorpore ya no lo hará en su puesto sino en otro inferior, excusándose en que, recientemente, se ha incorporado una nueva trabajadora con más titulación que ella.

Me gustaría entender porqué en este país, que tan europeo se cree, no se ayuda, con leyes, a compaginar el trabajo y la familia. Ayudas para flexibilizar el horario laboral y poder ocuparse más y mejor de los nuestros; ayudas para aumentar los sueldos y no tener que trabajar tanto. El pez que se muerde la cola.
Y ya que hablamos de Europa, en Suecia las mujeres tienen derecho a 96 semanas de baja por maternidad. En Noruega disfrutan de un máximo de 52 semanas, mientras que en el Reino Unido pueden llegar a las 40. Por no hablar de la flexibilidad en sus horarios laborables, sus sueldos y otros etcéteras.

Creo firmemente, que muchííííísimos problemas de nuestra sociedad actual tienen ahí su raíz. Quizás si nuestros mandamases lo tuvieran en cuenta, otro gallo cantaría.