jueves, 14 de febrero de 2008

Nuestras costas


Dice Buenafuente que de la burbuja inmobiliaria tienen la culpa los piropos. Sí, que a nuestros hombres les gusta tanto piropear que, para poder hacerlo, imitando a los paletas, empezaron a montar andamios, de los andamios tuvieron que ir subiendo paredes, grúas, ... y que así acabamos con Marina d'Or.

Yo no he estado en esa macrociudad dedicada al ocio, ni creo que vaya a estar (aunque nunca hay que decir "de ese agua no beberé", por si acaso), pues prefiero los sitios más tranquilos y más naturales.

El verano pasado estuve de vacaciones por las tierras del Delta de l'Ebre, en Tarragona. Anduve por su Parque Natural y por los pueblos cercanos. Una maravilla. Así que, estando relativamente cerca, quise visitar Peñíscola (que no anda muy lejos de la susodicha ciudad de la diversión). Tenía un bonito recuerdo de ella, de hacía muchos años, cuando la visité con mi família por primera vez. Pues bien, cuando llegué tuve una visión que me estremeció. La explotación urbanísitica es increíble, todo su paisaje se basa en construcciones y más construcciones. Sentí pena. Pena por lo que el dinero puede llegar a destruir. Suerte que el peñón, con su encanto medieval (que es lo más valioso), no tiene más capacidad para ser ocupado, que sino ya veríamos.

Así que, aunque Buenafuente siempre haga sus reivindicaciones con humor (y ya va bien que se le quite hierro al asunto), en el fondo todos sabemos que los piropos son totalmente inocentes de esa acusación y quienes son los verdaderos culpables. Lo peor es que se han hecho millonarios a nuestra costa, mejor dicho, con nuestras costas.