En toda mi vida, sólo he montado cuatro veces en avión: ida y vuelta a Mallorca e ida y vuelta a Menorca, no más.
Cuando volví de mi primer destino, me dije que no iba a volver a subir ni que me pagasen por ello pero, a los cuatro años, repetí y cuando pisé, de nuevo, el suelo vinieron a mí las mismas palabras y es que, sinceramente, es la situación en que más miedo he pasado nunca.
Lo sé. Sé que es el medio más seguro que existe pero, allí montada, sobre todo cuando la aeronave empieza a burlar la gravedad, en la fase de despegue, mi cabeza no está para pensar en la seguridad sino en que, como pase algo, no lo cuento. Y es que, lo mire como lo mire, no es natural. Los hombres no nacimos con alas...
Me quedo muda, me sudan las manos, las mejillas concentran la temperatura más alta de mi cuerpo, el corazón me va a mil y parece que, en un momento u otro, éste me vaya a salir disparado a la misma velocidad que el avión empieza la carrera en la pista... Argggg....
Tengo amistades y familiares a los que les sucede lo mismo pero, luego, existen otros (mi madre, sin ir más lejos) que no, que disfrutan del trayecto, de estar en las nubes, de las vistas,... y te dicen: "Pero si Mallorca está aquí mismo, si no te enteras". A lo que yo respondo: "¿Qué no te enteras? Vamos, vamos,... qué más me dará lo cerca que esté, si subir y bajar lo tengo que hacer igual". Los envidio, de verdad.
Pues bien, dentro de un mes, repito. Por motivos laborales, me voy a Italia unos días y, sí, en avión. Nadie me obliga, podría ir cualquier otro compañero en mi lugar, pero me ofrecí. Llevo años con ganas de conocer este país así que me dije: "Cada vez que te montas en un coche no piensas en que te vas a estrellar, pues lo mismo. Si pasa, pasa y punto". Así que en éstas estoy.
Ayer me enteré del
amerizaje en el río Hudson y, después de ver tamaña proeza, mis ánimos están en alza, ¡hay posibilidades de sufrir un accidente y contarlo!
No digo yo que ahora me dé por la
caída libre, de lo que hablé hace casi un año, pero, al menos, vuelvo a desdecir mis propias palabras, que ya es algo.