jueves, 3 de abril de 2008

Estreno de artilugio

Pues nada, llegó el estreno. Hace unas cinco horas que me han colocado el cuerpo extraño metalizado en mi boca. Digo cuerpo extraño porque es así como lo siento: un pequeño trozo de alambrada puesto ahí entre mis dientes, mi paladar y mi lengua.

Nada más salir de la consulta, me pregunta la secretaria un "¿qué tal?". Y tú, que no te reconoces tu habla, dices un "pues bien, cggggeo". Ni la erre te suena ni tu vocalización es lo que era, así que te das cuenta de que el inofensivo, aparentemente, aparatito sí hace de las suyas y te da por reír. La chica (mientras me cobra el primer sablazo) me dice que es una semana, que luego te acostumbras y como si nada. "A ver si es verdad, ggggacias".

Salgo a la calle, me voy a la pescadería y pido mejillones y un puñado de pescaditos para freír. La muchacha que no me entiende y yo (que soy doña explicaciones) que le digo que me acaban de poner el artilugio. "Ala, pues paciencia". "Eso, muchas ggggacias".

Me voy a comer a casa de mis padres, donde nos reunimos cada día unos cuantos. Ante la novedad, expectación. Se los enseño, nos reímos y al ataque. Berenjenas y filetes rusos. Toda valiente, hinco el tenedor, me lo llevo a la boca y, no es posible, no puedo masticar. Qué jaleo, se me empieza a liar la berenjena en el alambre de arriba, donde el paladar, y que no hay manera. Qué angustia, o lo trituro o ahí me quedo atragantada. El segundo, mejor aunque, después del primero en puré, prefiero cortarlo en trocitos bien pequeños. Una eternidad. Todos que acaban y yo con el ruso. "Hasta luego, que vaya bien". "Venga, ggggacias". Y por fin, el postre, "una manzanita que es suave". La manzana más larga de mi vida, pero lo que mejor me entra.

Me acerco a recoger a mi sobrino de 5 años para llevarlo al cole. El niño que se parte, a carcajada viva, todo el camino. Le digo "Y tú ¿qué has comido?" y que me suelta "unos macaggggones". Será cabrito.

En fin, a seguir con la adaptación. Y mientras tanto, ajoyagua (sí porque los mejillones y el pescadito para la cena me parece que van a tener que ser en tortilla, por lo menos).

Aquí os dejo a la colega que seguro que me entiende.

4 comentarios:

musiquilladepacotilla dijo...

AAAyyy, querida amiga, yo también llevé "aparatos" y a mí me tocó llevarlos en una época donde todavía no existian los "invisibles", sino que eran plateados a juego con los empastes.
Además, los llevé durante esa etapa de la vida que no sabe uno si es mejor recordar u olvidar, la EGEBESE. Mis compañeros, cariñosamente, me llamaron "dona biònica", pero y qué. Yo estaba orgullosa de mi aparato (menos mal que no soy tio, sino tendría que cambiar la frase).
En fin, lo curioso es que cuando me lo quitaron me gustaba más a mí misma con aparato que sin él.
Cosas de la vida....
Ánimo y al logopeda!!!!

bornne dijo...

¡Ja, ja, ja! Gracias por tus ánimos, guapa, pero no acabo de entender que te gustaras más con los aparatos que sin ellos (ya dicen que a todo nos acostumbramos y debe ser verdad porque, después de seis dias, el dolor como que va disminuyendo y el aparato se nota menos). Ya te contaré si a mí también me pasa pero será dentro de año y medio, como mínimo (es que cada vez que lo pienso me pongo mala...). Lo del logopeda, lo tendré en cuenta porque, chica, no hay manera (ya lo verás el domingo). Y, por cierto, de "invisibles" nada que al preguntarle al dentista por cual de ellos ponerme me dice que él prefiere los metálicos que, a parte de 400 ebros más baratos, son menos delicados que los de porcelana y que tardan menos en realizar algunos movimientos dentales. Así que ya me vés, con la LOGSE casi caducada y yo, aún, anclada al pasado.
Un besazo.

maripolsilla dijo...

El perro de San Roque no tiene rabo
porque Ramón Ramírez se lo ha cortado.
El perro de Ramón Ramírez no tiene rabo
porque se lo han robado.
¿Quién le ha robado el rabo al perro
de San Roque?.
¿Ramón Ramírez ha robado el rabo
del perro de San Roque?.

bornne dijo...

¡Qué guasa tiene mi niña! No había otro con más erres, ¿no?.
Bueno, el de los tres tristes tigres,... déjalo correr también.
Muchos besos.