domingo, 20 de abril de 2008

Ay, que se nos lengua la traba

Lapsus:
(Del latín lapsus, resbalón).
Falta o equivocación cometida por descuido.

El sábado, en una cena en casa de unos muy buenos amigos, una de nuestras conversaciones giró entorno a esos lapsus que, sin saber porqué, a veces ocurren en alguna parte de nuestro, ese tan desconocido, cerebro.

Empezó la charla cuando una de los allí presentes explicó que un familiar suyo llamó "crocano" al crocanti. Yo, sin hacer mucho esfuerzo (porque en algunos miembros de mi familia es relativamente frecuente que ocurra, entre ellos yo misma), les expliqué algunos de los últimos resbalones propios y ajenos.

Uno de los más recientes le pasó a una de mis hermanas (que espero que no le moleste mucho que lo haga público pero es que no tiene desperdicio). Se encontraban con mi sobrino, cuando éste les dice no sé qué de los "insertos". Mi hermana, que le corrige, le dice "No se llaman insertos sino insectos". Al cabo de un rato, el crío que lo vuelve a decir mal y mi hermana le salta "Que no se llaman insertos, que se dice inseptos, eptos, eptos" y se queda tan ancha. La otra, callada, le pregunta "¿No hablaras en serio?" y la otra "¿Cómo? Claro". Imaginaros lo que llegaron a reírse, cuando la protagonista se dio cuenta (y el sobrino serio porque no entendía nada). Yo no estaba pero cuando me lo explicaron, me mondé.

Otro de estos deslices, pero ya propios, que guardo en la memoria, es el día que le pedí a un camarero "unas natas con fresa", o el día que dije "Mira qué bien lo pasan jugando a la petaca", u otro que dije "Baja la bata del tacer". Ahora, uno que se repite inexplicablemente en mi cabecita, y ya hace años, es el "yo subo en autobús al tercero" o "cojo el ascensor en tal parada".

Pero el mejor resbalón que recuerdo, iría yo al instituto, fue, un día de invierno, cuando mi madre va y me dice si ya había cogido "el porro folar". Sin palabras.