martes, 29 de julio de 2008

Canal du Midi

Foto de bornne


¡Muy buenas! Aquí estoy de vuelta (je, je,...y sí, enterita aunque con algún que otro morado, de diversos golpes sin importancia, y alguna llaga hecha con las cuerdas de amarrar en la mano, por no acordarme de los guantes en su momento) para explicaros el viaje.

Ha sido una experiencia muy gratificante y muy recomendable. Aunque también muy intensa y muy laboriosa. Los paisajes preciosos y, en general, la gente, muy, muy amable.

Después de la instrucción (algo breve) cogimos el barco, en Port Cassafières y empezamos nuestro itinerario hacia Capestang. Los inicios fueron de risa pues el barco hizo tantas eses que parecía capitaneado por ebrias. Pero conseguimos hacernos con él y su manejo fue paulatinamente mejor. El truco estaba en equilibrar constantemente el timón. Dar la orden y a continuación la contraorden. El barco tarda en reaccionar hacia el lado que quieres dirigirlo, así que hay que anticipar constantemente dichas órdenes. Una vez, visto lo anterior, el volante a penas lo mueves, a no ser que haya que maniobrar.

En seguida llegaron las esclusas hacia arriba (es decir, pasábamos de un canal inferior a otro superior. En mi opinión más difíciles que las de bajada). Las tres primeras bastante bien pero, al llegar a la cuarta, tuvimos el susto del viaje. Tuvimos la mala suerte de dar con un esclusero muy desagradable y poco solidario que, en vez de ayudarnos, nos lo complicó. La manera que nos explicaron de pasar las esclusas funcionó en las primeras (que eran pequeñas y el desnivel aceptable). Mi amiga salía del barco unos 100 m antes, avisaba al esclusero o esclusera, esperaba a que yo entrase con el barco en la esclusa, le lanzaba las dos cuerdas con las que lo sujetábamos (una delante y la otra detrás), la esclusa se llenaba de agua y, cuando alcanzaba el nivel del siguiente canal, se abrían las compuertas). Pero esa técnica (que nos explicaron en la instrucción) no servía para las esclusas grandes y con amarres de muro. Me explico. La cuarta esclusa, justo antes de entrar en el puerto de Béziers, nos cogió de sorpresa (por novatas). Nos dispusimos a repetir la misma operación que en las anteriores. Mi amiga bajó del barco, habló con el esclusero y le dijo (como a todos) que éramos primerizas, por si hacía falta echarnos un cable. El señor se negó y dijo que no nos iba a ayudar porque simplemente teníamos que sujetar las cuerdas. Sencillo para él que estaba harto de verlo pero muy mala sombra tuvo con nosotras. El problema vino en que entré sola a la esclusa, que me pareció enorme, e intenté lanzar la primera cuerda, pero la pared era altísima y me fue imposible. El esclusero, sin esperar a que estuviese sujeta, empezó a llenarla de agua y pasé momentos de miedo pues el barco, con la fuerza del agua entrante, iba de un lado a otro y yo me veía de cabeza adentro. Mi amiga, también asustada, no podía hacer mucho pues no podía coger las cuerdas e, impotente, sólo podía mirarme desde lo alto (ella no tenía que haber salido del barco pero no lo supimos hasta ese momento). No sé cómo logré hacerlo, pero al darme cuenta de que los amarres eran hierros que iban del suelo hacia arriba, paralelos al muro, logré engancharme a uno y, con el barco totalmente en diagonal, pude estar sujeta hasta subir completamente el nivel. Es cierto que nosotras no teníamos experiencia pero el esclusero se portó muy mal. A parte de no comentarnos nada de los amarres de pared, hizo entrar el agua sin haber sujetado el barco, cosa que no hizo nadie en las 24 esclusas que pasamos.

En fin, después de esa esclusa en la que lo pasamos francamente mal, nos acobardamos un poco pues después venían las siete esclusas seguidas de Fonséranes. Decidimos hacer un alto en el camino, visitar Bèziers y coger fuerzas para el día siguiente.

Lo primero que hicimos, nada más despertarnos y desayunar, fue ir a inspeccionar en bici lo que se nos venía encima para decidir qué hacer. Allí, conocimos a un francés jubilado que, al explicarle nuestra última esclusa, se ofreció a acompañarnos a pasar las siete y, cómo no, aceptamos su generosa ayuda. Él pilotaba y nosotras nos ocupábamos de la sujeción. Todo de maravilla.

A partir de ahí, nos volvimos a relajar y pudimos disfrutar del resto del viaje. Después de Fonséranes, y ya solas, el paisaje se volvió más y más bonito. Más naturaleza y los pueblos, encantadores.

Llegamos a Colombiers y decidimos, por falta de tiempo (pues teníamos que hacer el mismo itinerario de vuelta), llegar a Capestang en bicicleta (pues con ellas, íbamos más rápidas que con el barco. La velocidad media de la nave era de unos 15 km/h).

Por no extenderme mucho, el viaje lo he resumido en la presentación de abajo. Espero que os guste y que disfrutéis de las fotografías. Recomendar a quien quiera ir que vaya con tiempo (nosotras sólo estuvimos cinco días y se nos hicieron cortísimos; cuando más empezábamos a disfrutar, tuvimos que regresar) e ir, mínimo, tres personas (una de capitán y las restantes para amarrar, sujetar y ayudar tranquilamente).

Dejamos el barco y nos acercamos en coche a Carcassone, que nos quedaba a unos 75 km y hubiera sido nuestro destino de llegada con el barco si hubiésemos tenido más tiempo. Una ciudad medieval preciosa en la que, todavía hoy en día, siguen viviendo unos 120 habitantes. Hay muchísimo comercio (casi demasiado, para mi gusto), entre restaurantes y artesanos, y las murallas (de unos 3 km de longitud), junto con las casas, las torres, las fortificaciones y la catedral de St. Michel, se conservan perfectamente.

Para mí ha sido una experiencia muy bonita y enriquecedora. Tanto es así que espero volver a hacer algún otro recorrido fluvial como éste. Espero que os animéis porque, realmente, vale la pena.




video

viernes, 18 de julio de 2008

Faire un tour

Foto de ilaiza

Amig@s, me voy por unos días. Mi baúl va a seguir llenándose por el sur de Francia y espero volver enterita para explicaros esta nueva experiencia que, por un lado, me tiene ilusionadísima pero, por otro, algo acongojada. Una amiga y yo nos hemos decidido a recorrer una pequeña parte del Midi francés en un crucero fluvial por canales, pilotando nosotras mismas la embarcación. Como lo leéis, nosotras, ¡capitanas!

Me lo recomendaron, me informé, lo propuse y nos decidimos. No sé yo dónde nos habremos metido... pero confío y deseo que todo salga bien y sea yo quien lo recomiende.

En Francia (al igual que en otros países como Holanda, Irlanda, Italia y Escocia) no se requiere tener un permiso especial para conducir un barco de este tipo ni es necesario tener experiencia previa para manejarlo. La compañía arrendadora, una vez allí, nos impartirá una clase previa de manejo (de una media hora) que, según aseguran (y más vale que sea cierto), es suficiente para conocer las principales reglas de navegación. Tras la instrucción, nos darán un permiso provisional mientras duren nuestras vacaciones. A parte, se nos ha enviado un manual (en formato pdf) lleno de consejos e instrucciones a seguir para evitar incidencias, que me lo he leído ya dos veces para ir con las cosas bien claritas (aunque me está pasando como con los prospectos de los medicamentos, cuanto más los leo más aprensiva me pongo...).

En fin, dejando los temores de novata a un lado, el crucero parece que promete. Tendremos la oportunidad de parar o navegar cuando nos apetezca, de visitar pueblecitos desconocidos para las dos (pues llevamos bicicletas con ese objetivo), de bañarnos donde se preste, de tomar el solete (esperando que nos haga buen tiempo, claro), de aprender a pasar esclusas, de disfrutar de la gastronomía nuestra o la propia del lugar,... y, en definitiva, de disfrutar de unos días de descanso y desconexión muy apetecibles.

El día de salida será el lunes así que, si algun@ de vosotr@s ya conoce este tipo de turismo, estaré encantada de leer vuestras opiniones y consejos.

Buenas vacaciones para quienes las tengan y que vaya muy bien a tod@s. ¡Hasta la vuelta!

viernes, 11 de julio de 2008

Rutinas ancestrales


Foto de Altamar


Hablábamos, hace poco unas amigas, de uno de esos temas que suelen aparecer frecuentemente entre las mujeres como es la depilación y más en estas épocas de destape.

Un tema asiduo por lo mucho que nos causa. Dolor, que por suerte dura lo que dura la suma de estirones si no se tiene una piel delicada, y aburrimiento, por el continuo crecimiento en intervalos cortos de tiempo.

A mí personalmente, me cuesta entender esa fijación que tenemos los humanos en ir contra la naturaleza. Pero ¿no nos damos cuenta de que si salen por algo será? Y además, ¿alguien puede explicarme en qué nos beneficia quitárnoslos?

Yo entiendo que el de los sobacos tenga un sentido. En esa concavidad, en la que no hay mucha corriente de aire, la humedad se queda agarrada al vello y el tufo pueda llegar a ser inaguantable. Bien. Entiendo que en otras épocas, el pelo podía servir de hogar a ciertos animalitos "chupasangre" y fuese necesaria hacerla para erradicarlos. Por higiene y salud, de acuerdo. Pero, ¿ahora? Yo no le veo otra explicación más que por cultura (excepto aquellos que se la hacen por alguna finalidad útil como los deportistas por sus marcas, por ejemplo).

Aunque los tiempos evolucionen (y la limpieza con ellos) y ya se haya perdido esa necesidad, seguimos haciéndolo desde entonces. Je, curiosamente, sólo las mujeres (los hombres sólo aquellos que quieran). Tanto es así que, entre las primeras, a quien no lo hace no se le ve con buenos ojos.

Entre nosotras, como casi siempre en este asunto, estuvimos todas de acuerdo.

Hoy he abierto el correo y una de ellas me ha enviado este texto que me ha gustado mucho. Dice que dicen que lo firma Albert Einstein pero que desconoce si es cierto o no.

Un grupo de científicos colocó cinco monos en una jaula, en cuyo centro colocaron una escalera y, sobre ella, un montón de bananas. Cuando un mono subía la escalera para agarrar las bananas, los investigadores lanzaban un chorro de agua fría sobre los que quedaban en el suelo. Después de algún tiempo, cuando un mono iba a subir la escalera, los otros lo agarraban a golpes. Pasado algún tiempo más, ningún mono subía la escalera, a pesar de la tentación de las bananas.


Entonces, los científicos sustituyeron uno de los monos. La primera cosa que hizo fue subir la escalera, siendo rápidamente bajado por los otros, quienes le pegaron. Después de algunas palizas, el nuevo integrante del grupo ya no subió más la escalera. Un segundo mono fue sustituido, y ocurrió lo mismo.


El primer sustituto participó con entusiasmo de la paliza al novato. Un tercero fue cambiado, y se repitió el hecho. El cuarto y, finalmente, el último de los veteranos fue sustituido. Los científicos quedaron, entonces, con un grupo de cinco monos que, aun cuando nunca recibieron un baño de agua fría, continuaban golpeando a aquel que intentase llegar a las bananas. Si fuese posible preguntar a algunos de ellos por qué le pegaban a quien intentase subir la escalera, con certeza la respuesta sería: "No se, las cosas siempre se han hecho así aquí..."! ¿Le suena conocido? No pierda la oportunidad de pasar esta experiencia a sus amigos, para que, de una o de otra manera, se pregunten por qué están golpeando ....y por qué estamos haciendo las cosas de una manera, si a lo mejor las podemos hacer de otra forma más efectiva. "Es más fácil desintegrar un átomo que un pre-concepto" .

lunes, 7 de julio de 2008

Confesión de orígenes taurinos

Foto de Eneko Alonso

Soy navarrica de nacimiento y por parte materna. Aún estando lejos, siento los sanfermines muy cerca. Desde que tengo uso de razón, mi madre y mi abuela (que siempre vivió con nosotros) nos despertaban puntuales a las ocho menos diez para no perdernos los encierros. Con lo años, lo he seguido haciendo aunque, reconozco, no con tanta fidelidad. Si hay un día que no me apetece madrugar, pues nada, ya se verá en alguna repetición. La imagen más grabada que tengo es del día del chupinazo, de año tras año, de ellas dos emocionadísimas en el momento de lanzar el cohete.

Por parte paterna, también llevo sangre manchega. Al pueblo de mi padre, en el interior de la Mancha, hemos ido todos los veranos de mi infancia y, como no, coincidiendo con la fiesta mayor. En él, siempre ha habido corridas. Antiguamente en plazas hechas para la ocasión con remolques y desde hace algunos años en una plaza pequeña que construyeron.

Así que, obviamente, esta confesión de orígenes se debe al objetivo de que se entienda mi relación con los toros, que han estado presentes durante toda mi vida.

Reconozco que el miedo que tengo al toro, como animal, es superior a mí. Es un miedo atroz y es que mis peores pesadillas que recuerdo siempre han sido con ellos.

En estos ensueños angustiosos y ocasionales, normalmente, han aparecido persiguiéndome. Yo siempre huyendo y subiéndome a cualquier cosa que esté en alto. A veces en la copa de un árbol en medio del campo, otras encima de un armario porque el toro ha entrado en casa,... Pero la peor de todas fue el día que soñé que, para huir de él, escalaba una especie de plaza de toros hecha de andamios y ¿el toro? El toro detrás, escalando como yo. Para flipar. Hay que ver lo que es la mente.

Cierto es que, de muy pequeñita, estando cogida de la mano de mi abuelo paterno, en las fiestas de un pueblo de al lado, se escapó un toro y pasó por delante nuestro. Justo por delante. No sé muchos más detalles, porque supongo que se hablaría lo suyo en su momento y yo era muy pequeña como para acordarme, pero la escena del toro sí la visualizo. Supongo que algo tendrá que ver.

Una vez, una amiga de la universidad a la que se lo comenté, me dijo que significaba peligro de muerte o alguna pérdida. Yo no creo mucho en el simbolismo de los sueños pero, después de oír eso, me acojoné viva. Estuve unos días con el temita rondándome por la cabeza, pero ahí quedó.

Ahora, hace mucho tiempo que no he vuelto a soñar con toros, cosa que me alegra profundamente.

Hoy me he despertado para ver el primer encierro de este año. He vuelto a ver a esos mozos de blanco y rojo que, con esa inexplicable pasión, corren a escasos metros del animal y he vuelto a pensar en lo mismo que pienso en cada carrera: en la valentía que tienen y en lo mucho que les debe compensar esa sensación tan intensa porque lo que es yo, ni por todo el dinero del mundo.

A los que están in situ y a los que estamos in absentia, ¡Viva San Fermín!

viernes, 4 de julio de 2008

Va de cortos

Dejo tres cortos con el amor como temática en común: el primero, fugaz , el segundo, analógico y el último, enfermizo.

Corto 1: Peut être (Quizás) de Aitor Uribarry


Corto 2: Triste historia de amor analógico de Paul Rommer


Corto 3: 7:35 de la mañana de Nacho Vigalondo

miércoles, 2 de julio de 2008

¿Llegaron las rebajas?

Por estas fechas, acostumbran a llegar las típicas imágenes de esos centros comerciales abriendo sus puertas el primer día de rebajas en las que más de un consumidor corre, tal como un buen fondista, por ser el primero.



Ah, que no. Me lo había parecido.